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El lobo en el espejo: por qué su regreso a Catalunya incomoda al poder

Última edición: 13 febrero, 2026 | Publicación: 12 febrero, 2026 |

La confirmación es oficial: hay cachorros de lobo en libertad en el Alt Empordà.

Lobo asesinado en Cantabria

Es la primera reproducción constatada en Catalunya en casi un siglo, pero reducir esto a una noticia biológica sería un error de cálculo. El regreso del lobo es, ante todo, un acontecimiento político y un desafío ético. Su presencia interpela directamente a un modelo de gestión del territorio que lleva décadas tratando a la naturaleza como un decorado inerte, una postal para el turismo o una despensa para la industria.

Recientemente, en Castelló d’Empúries, el naturalista Ignasi Castellví, —Coordinador de proyectos en Signatus— y el chef Alberto López —del Restaurante La Tartana Can Massanet en Vilafant, Girona—pusieron sobre la mesa una verdad incómoda: entender al lobo exige actualizar nuestra mirada. Porque lo que está en crisis no es la biología del cánido, sino nuestra incapacidad para convivir con lo que no podemos controlar.

Más allá de la superstición: la cultura animal

Resulta desolador que, en 2026, todavía tengamos que explicar que el lobo no es «cruel». La etología es clara: cuando un lobo mata más de lo que consume en el momento, no está disfrutando del daño; responde a una programación evolutiva de éxito de caza y descarga de energía. Convertir un instinto biológico en un juicio moral es puro analfabetismo funcional, una herramienta política para justificar el exterminio.

Castellví recordó algo que suele escocer en los despachos: el lobo tiene cultura. Transmite conductas, modifica su dieta según el entorno y posee una estructura social de una complejidad asombrosa. Hablar de «cultura animal» rompe esa jerarquía arrogante que nos sitúa en la cima de una pirámide inexistente. El lobo no es un invasor; es un pariente que vuelve a casa con un bagaje genético —procedente de poblaciones italianas— que es oxígeno puro para la biodiversidad ibérica.

El conflicto no es el lobo, es el modelo

Seamos honestos: el debate sobre la ganadería es legítimo, pero a menudo se usa como escudo. La coexistencia es posible; funciona en media Europa con mastines, cercados y pastoreo vigilado. El problema real no es la falta de herramientas, sino la resistencia política a cambiar un modelo agroindustrial intensivo que prefiere un campo estéril y previsible antes que un ecosistema vivo y complejo.

El lobo cumple funciones que ninguna tecnología humana puede replicar: regula ungulados, equilibra la cadena trófica y actúa como un sanador del paisaje. Su desaparición no fue un accidente, fue una limpieza política. Su retorno, por tanto, es un acto de justicia ecosistémica que la administración catalana todavía gestiona con timidez y miedo al titular de prensa.

La incertidumbre como aprendizaje

La propuesta de López con sus «Sopars Immersius del Llop» apunta a una herida profunda de nuestra cultura urbana: consumimos naturaleza de forma simbólica (en documentales y redes sociales), pero rechazamos su dimensión real cuando implica una mínima incomodidad. El lobo introduce incertidumbre en un sistema obsesionado con el rendimiento por metro cuadrado.

¿Y si aprendiéramos de la manada? La estructura del lobo se basa en la cooperación, el aprendizaje intergeneracional y una regulación interna que ya quisiéramos para nuestras instituciones. No es romanticismo; es eficacia evolutiva.

Una política del siglo XX para un mundo en colapso

Es una paradoja cruel: en plena emergencia climática, el regreso de un depredador autóctono se trata como una anomalía. Lo anacrónico no es el lobo; lo anacrónico es una política que sigue gestionando el medio natural bajo la lógica del «disparo y olvido».

El lobo en el Empordà nos pone frente a un espejo: ¿Aceptamos convivir con la vida en toda su complejidad o preferimos un territorio domesticado hasta la muerte ecológica? La biología ya ha hecho su parte; los cachorros ya están ahí, respirando. Ahora le toca a la política dejar de comportarse como si todavía viviéramos en 1926.

Animalismo gastronómico: la zona de confort de la etiqueta

Existe una grieta profunda en el discurso ambiental contemporáneo, una tensión que solemos barrer bajo la alfombra: la esquizofrenia moral de declararse protector de la naturaleza mientras se sostiene, tres veces al día, un sistema basado en la explotación y el sacrificio. No es una cuestión de etiquetas identitarias; es una cuestión de honestidad biológica.

Desde la ciencia sabemos que el lobo no es un símbolo romántico, sino un individuo sintiente que caza por estricta necesidad evolutiva. Nosotros, en cambio, habitamos una sociedad con alternativas nutricionales plenas. Cuando decidimos seguir consumiendo animales por «tradición«, «placer» o «identidad cultural«, estamos desplazando la ética para dejar espacio a la preferencia. Y las preferencias, a diferencia de las necesidades, cargan con un peso moral ineludible.

Es revelador cómo hemos construido una muralla de eufemismos para anestesiar esta disonancia. Términos como producción sostenible, Km 0 o ganadería local actúan como bálsamos éticos, pero no alteran el hecho central: la muerte intencionada de un ser vivo que no necesitaba morir. La proximidad geográfica del matadero no neutraliza el daño; solo lo hace más cercano. La tradición, al final del día, no es un argumento moral; es simplemente la inercia de un hábito que nos resistimos a cuestionar.

El acto simbólico: cuando el menú desmiente el discurso

La incoherencia alcanza su cénit cuando la defensa del lobo se traslada a la mesa de un restaurante especializado en carnes maduradas. No hablamos de un detalle logístico, sino de una contradicción estructural. Organizar un acto en favor de la vida salvaje en un espacio donde el reclamo principal es un chuletón de ternera con 40 días de maduración a 70 euros el kilo, es enviar un mensaje nítido sobre qué vidas consideramos valiosas y cuáles meros objetos de consumo.

Que exista una opción vegetal en el menú no cambia la arquitectura del deseo del lugar: si el eje del placer culinario sigue siendo la muerte animal, el discurso proteccionista se resquebraja. Este animalismo selectivo —venerar al lobo icónico mientras se devora al animal invisible— refleja una ética fragmentada que se niega a ver la totalidad del sistema.

Si entendemos que el lobo tiene un valor intrínseco y un derecho inalienable a existir, ¿bajo qué lógica negamos ese mismo valor a la ternera que protagoniza el menú o al pez del mercado? La defensa de la vida salvaje es hipócrita si no viene acompañada de una revisión de nuestra relación con todos los demás animales.

La transición hacia una conciencia ecológica real exige algo más que empatía por las especies carismáticas. Exige coherencia práctica. Y esa coherencia, por incómodo que resulte aceptarlo, empieza inevitablemente en lo que decidimos poner en nuestro plato. No podemos salvar al lobo con una mano mientras sostenemos el cuchillo con la otra.

El lobo ha vuelto, los cuervos les estaban esperando. … Leer más ++

Felix de Larraz
Redactor freelance
Editorial Cultura Vegana
www.culturavegana.com

Fuentes Bibliográficas

1— eldiario.es/caballodenietzsche, «2025, un año desperdiciado para la protección del lobo», Ignacio Martínez, El Diario.es, 7 de febrero de 2026 06:01 h, actualizado el 07/02/2026. El presidente de la Asociación para la Conservación y Estudio del Lobo Ibérico (ASCEL) pone en contexto la situación actual en España de estos animales, apelando a la seriedad de las y los parlamentarios españoles, a la responsabilidad de las y los gobernantes, y a la actualización y esmero de los tribunales. El lobo está protegido en España porque lo está en Europa, al estar incorporado a la Directiva Hábitats (92/43/CEE) como especie de interés comunitario. Y así se recogió en la propia Ley 42/2007 del Patrimonio Natural y de la Biodiversidad. El que esta consideración hubiese sido compatible con la muerte de cientos de individuos en España es un misterio (no gozoso). Y no lo decimos nosotros —los de la protección del lobo—, lo dice el Gobierno cántabro cuando publica la sentencia de muerte de 41 “ejemplares”.

2— boc.cantabria.es, «Resolución de 2 de abril de 2025, por la que se establece el cupo de extracción de ejemplares de lobo (Canis lupus signatus) en la Comunidad Autónoma de Cantabria para la temporada 2025/2026», [PDF]. Boletín Oficial de Cantabria: 02 de abril de 2025, EXT. Núm. 5.


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