En 1902, la Amazonía no era un lugar que devolviera lo que tomaba.

El reencuentro con lo salvaje: la transformación de Ino Moxo
En 1902, la Amazonía no era un lugar que devolviera lo que desparecía. Cuando Manuel Córdova-Ríos desapareció en la espesura del río Mishagua a los quince años, el veredicto fue absoluto: la selva lo había engullido. Para su familia quedó el luto; para la mentalidad de la época, él era solo una víctima más de un territorio indomable. Pero Manuel no había muerto. Estaba, simplemente, entrando en un orden de comprensión distinto.
El jaguar: un pacto de mirada
Mucho antes de su cautiverio con los Amahuaca, ocurrió algo que Manuel guardaría en su memoria como una semilla. Un año antes de que las expediciones caucheras arrasaran la zona, se encontró solo frente a un jaguar negro. No hubo gritos, ni huida, ni violencia. Solo un cruce de miradas que duró unos instantes, pero que contenía una intensidad difícil de traducir. En ese silencio, Manuel entendió que el jaguar no era un enemigo, sino un espejo. Aquel encuentro explicaría por qué, años después, el jaguar sería el centro de su mundo.
De Manuel a Ino Moxo: desaprender para pertenecer
Cuando fue capturado por los indios Amahuaca —un pueblo entonces rodeado de mitos y temores—, su destino dio un giro que hoy nos parece asombroso. Xumu Nawa, el anciano jefe lo recibió y le mostró su amabilidad. Con el tiempo, la aldea lo aceptó, y poco a poco comenzó a adaptarse a su nueva situación. Empezó a participar en las ceremonias. Los niños de la aldea empezaron a ser amigables con él, y el jefe comenzó a enseñarle el idioma tribal. Decidió que Manuel no sería un prisionero, sino un iniciado. Xumu le enseñó muchos de los conocimientos tradicionales de la tribu, lecciones valiosas que enriquecieron toda su vida. En este contexto, Xumu Nawa podría describirse como chamán o curaca, título que se usaba para los líderes entre las tribus del Alto Amazonas.
Bajo la tutela de resto de los sabios, Manuel inició una profunda transmutación. Durante siete años, dejó de existir como un individuo separado de la naturaleza. Se sumergió en una cosmovisión donde el jaguar es la figura que enseña a observar, a curar y a transformarse. Fue entonces cuando recibió el nombre de Ino Moxo (Jaguar Negro).
No fue un apodo. Fue una nueva identidad: la de alguien que ha atravesado el umbral y ha aprendido a relacionarse con la selva desde el respeto absoluto.
La selva como sistema vivo
Ino Moxo no emergió de la jungla como una leyenda mística, sino como el resultado de una transmisión de saberes profunda. Aprendió que la selva no es una amenaza, sino un sistema vivo, relacional y sofisticado. Aprendió que cada planta tiene una voz y que cada animal es un interlocutor.
Desde Cultura Vegana, esta historia nos invita a replantearnos nuestra propia relación con lo que llamamos «lo salvaje». Ino Moxo nos recuerda que, para sanar nuestra conexión con la Tierra, quizá primero debemos estar dispuestos a «perdernos» en ella, a soltar nuestra arrogancia y a mirar de frente —como hizo Manuel con aquel jaguar— a los seres que comparten con nosotros el milagro de estar vivos.
Una ciencia sin batas, pero con método
Bajo la tutela de los sabios de la comunidad, Ino Moxo aprendió a leer el bosque como un sistema nervioso vivo. Descubrió que la selva no es un caos indómito, sino una red de alta precisión bioquímica. Aprendió a distinguir las lianas hemostáticas que sellan heridas de las resinas con actividad antiparasitaria y las cortezas cuya farmacodinámica actúa como antipirético natural.
Su formación fue un protocolo de ajuste biológico extremo: ayunos prolongados, aislamiento sensorial en la penumbra nocturna y una dieta diseñada para «limpiar» los receptores del organismo hasta ser capaz de percibir la sutil firma química de cada especie vegetal. Lejos de la mística superficial, se trataba de un empirismo radical validado por miles de años de observación y transmisión oral.
El puente incómodo entre dos mundos
Cuando regresó a Iquitos en 1909, Manuel se encontró con una región diezmada por patologías tropicales que la medicina occidental, limitada por su visión mecanicista, apenas lograba paliar. Ino Moxo no hacía milagros; aplicaba ecología médica.
Es célebre el caso de un oficial de policía desahuciado por una infección parasitaria masiva. Donde los médicos veían una derrota clínica, él aplicó una combinación exacta de cortezas cuya sinergia bioquímica logró lo que la farmacia de la época no podía. No era magia: era el uso magistral de compuestos neuroactivos y fitoterapia avanzada.
Su legado terminó forzando a la ciencia académica a mirar hacia la selva. Gracias a mediadores como él, sustancias como el curare pasaron de ser venenos «bárbaros» a convertirse en la base de relajantes musculares modernos, revelando mecanismos de acción que hoy son pilares en la anestesiología contemporánea.
Desaprender para sanar: Una lección biocéntrica
Desde mi perspectiva, la historia de Ino Moxo es una bofetada a la arrogancia antropocéntrica. Nos enseña que la naturaleza no es algo que deba ser «vencido» o «extraído» hasta el agotamiento, sino una trama de relaciones que exige una ética de la escucha. Curar, en la cosmovisión de los Amahuaca, no es dominar el síntoma, sino restaurar un equilibrio roto entre el individuo y su entorno vivo.
Manuel Córdova-Ríos falleció en 1978, a los 91 años. Su vida dejó una grieta en la mentalidad colonial: demostró que el conocimiento no es propiedad de una sola cultura y que, a veces, la única forma de encontrar respuestas es perderse en lo que no entendemos.
Felix de Larraz
Redactor freelance
Editorial Cultura Vegana
www.culturavegana.com
[*] Foto de Manuel Córdova-Rios tomada por David Sose en octubre de 1976, en Iquiitos, Perú.
Fuentes bibliográficas
1— amazon.es, «Wizard of the Upper Amazon: The Story of Manuel Córdova-Ríos», Manuel Córdova-Ríos y F. Bruce Lamb. Editorial Legare Street Press, fecha de publicación: 18 de julio de 2023. Acompaña al antropólogo F. Bruce Lamb en un viaje a la cuenca alta del río Amazonas, donde conocerá al enigmático chamán Manuel Córdova-Ríos y aprenderás los secretos de las prácticas espirituales de los pueblos indígenas. Con vívidas descripciones de la ecología de la región y los fascinantes rituales chamánicos de Córdova-Ríos, este libro ofrece una fascinante mirada a un rincón poco conocido del mundo. Esta obra ha sido seleccionada por académicos por su importancia cultural y forma parte de la base de conocimiento de la civilización tal como la conocemos. Esta obra es de dominio público en EEUU y posiblemente en otros países. Dentro de EEUU, se puede copiar y distribuir libremente, ya que ninguna entidad (individual o corporativa) tiene derechos de autor sobre el conjunto de la misma.
Los académicos creen, y nosotros coincidimos, que esta obra es lo suficientemente importante como para ser preservada, reproducida y puesta a disposición del público. Agradecemos su apoyo al proceso de preservación y su contribución a mantener este conocimiento vivo y relevante.
2— Archivos etnobotánicos de la Amazonía peruana.
3— repositorio.upch.edu.pe, «Estudio etnobotánico de 31 especies en la comunidad de Cohechan, Amazonas», [PDF] y revisión de efectos biológicos y/o fisicoquímicos en la literatura científica que sugieren alternativas de uso. Benazir Elizabeth Infantes Ortega. Trabajo de Suficiencia Profesional para optar el Título de Licenciada en Biología. Resumen: A lo largo de la historia, las comunidades indígenas han desarrollado un conocimiento empírico profundo sobre el uso y manejo de las plantas, resultado de una interacción prolongada y directa con su entorno. La etnobotánica constituye una herramienta fundamental para documentar, analizar y sistematizar este saber tradicional relacionado con los recursos vegetales. El presente trabajo analiza la relación entre los pobladores de la comunidad campesina de Cohechan (Amazonas) y su medio ambiente, mediante la identificación y el registro de especies vegetales de uso tradicional, previamente colectadas en junio de 2017. A partir de este conocimiento, se proponen nuevas alternativas de uso basadas en la acción biológica y el potencial medicinal de los principios activos presentes en dichas especies. La evaluación de estos principios activos se apoyó en una revisión bibliográfica especializada en fitoquímica y farmacología vegetal. De este modo, el estudio articula el conocimiento etnobotánico con el análisis fitoquímico, con el objetivo de generar beneficios tanto para la comunidad local como para la divulgación científica, aportando alternativas de uso fundamentadas. El procedimiento de colecta, herborización e identificación de las muestras siguió protocolos descritos en salidas de campo y prácticas de laboratorio de cursos universitarios de pregrado, como Introducción a la Etnobotánica, Farmacobotánica y Domesticación y Cultivo de Plantas Medicinales y Aromáticas.
4— en.wikipedia.org, «Manuel Córdova-Rios», Wikipedia. Consultado el 15 de enero de 2026. Manuel Córdova-Ríos (22 de noviembre de 1887 – 22 de noviembre de 1978) fue un vegetalista (herbolario) de la alta Amazonia, tema de varios libros populares. Siendo un adolescente mestizo de Iquitos, se unió a una cuadrilla de trabajo de una empresa para acampar en la selva amazónica vecina. Cortaban árboles de caucho con fines comerciales. Sin embargo, fue capturado por una tribu nativa y, al parecer, vivió entre ellos durante siete años. El anciano jefe le enseñó, en sesiones privadas intensivas, conocimientos tribales tradicionales: plantas medicinales de la selva y formas de liderazgo. La pequeña tribu conocía técnicas de caza en la selva, las cuales aprendió con éxito, adquiriendo el nombre de Ino Moxo (jaguar negro). El jefe también dirigía sesiones grupales nocturnas bajo la influencia de la ayahuasca para perfeccionar su destreza en la caza. Tras la muerte del jefe, Córdova fue reconocido como líder de la tribu durante algunos años.
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