Una crisis sanitaria que sirve de coartada perfecta.

La expansión de la peste porcina africana (PPA) en Europa no es un episodio aislado ni una anomalía imprevisible [1]. Es la expresión visible de un sistema productivo hipertrofiado, diseñado para maximizar beneficios económicos a costa del bienestar animal, la estabilidad ecológica y, paradójicamente, la propia seguridad sanitaria que dice proteger. En Catalunya, la reciente detección del virus en jabalíes ha activado un discurso oficial centrado casi exclusivamente en el control, el sacrificio y la caza intensiva. Sin embargo, rara vez se aborda con la misma contundencia el entramado económico que sostiene —y agrava— el problema.
La PPA es una enfermedad vírica altamente contagiosa que afecta a cerdos domésticos y suidos silvestres, con tasas de mortalidad que pueden alcanzar el 100% en poblaciones sin inmunidad previa. No representa un riesgo directo para la salud humana, pero sí supone una amenaza severa para la industria porcina, uno de los pilares económicos del sector agroalimentario europeo. Precisamente por eso, su gestión se ha convertido en una prioridad política y económica, no ética.
Un virus que no surge de la nada
El virus de la PPA tiene una capacidad de supervivencia notable: puede persistir durante meses en carne cruda o procesada, lo que convierte a los restos mal gestionados, los vertederos, las deficiencias en bioseguridad y el comercio internacional en vectores eficaces de transmisión. Cuando estos residuos llegan al medio natural, los jabalíes —animales omnívoros y altamente adaptables— pueden ingerirlos, cerrando así el círculo de contagio entre sistemas industriales y fauna silvestre.
Europa lleva más de una década conviviendo con esta enfermedad. Países como Polonia, Rumanía, Alemania, Italia o Croacia acumulan miles de focos y millones de euros en pérdidas, además de sacrificios masivos de animales. En el este del continente, la PPA se ha vuelto prácticamente endémica. La respuesta, sin embargo, se repite: confinamientos extremos, eliminación de animales y batidas cinegéticas cada vez más intensas.
España, uno de los mayores productores y exportadores de carne de cerdo del mundo, con más de 56 millones de animales explotados, ha mantenido durante años un «estatus sanitario» que ahora se tambalea. La detección del virus en jabalíes en el entorno de Bellaterra (Barcelona) a finales de 2025 ha supuesto la activación inmediata de protocolos y la pérdida temporal de dicho estatus ante la World Organisation for Animal Health, con consecuencias económicas directas para el sector exportador.
Catalunya: macrogranjas, territorio y presión constante
Catalunya concentra una parte significativa de la ganadería porcina intensiva del Estado. Miles de animales hacinados en naves industriales, con escasa o nula posibilidad de expresar comportamientos naturales, sometidos a estrés crónico y a una presión inmunológica constante. Este contexto no solo plantea un problema ético evidente, sino que constituye un escenario ideal para la aparición y propagación de patógenos.
La expansión de estas explotaciones ha ido acompañada de la degradación del territorio, la contaminación de acuíferos por purines y la fragmentación de hábitats naturales. El jabalí, especie altamente resiliente, se ha adaptado a este paisaje alterado, encontrando alimento fácil en cultivos, vertederos y restos de la actividad humana. Culpar exclusivamente a la fauna silvestre de la expansión de la PPA es, como mínimo, una simplificación interesada.
El papel oculto de las granjas cinegéticas
Uno de los grandes silencios en el debate público es el de las granjas cinegéticas. Estas instalaciones crían animales salvajes —incluidos jabalíes— con un único fin: ser liberados posteriormente en cotos de caza para garantizar “piezas” suficientes a quienes pagan por abatirlas. No responden a criterios ecológicos, sino a una lógica de mercado.
Cada año, según datos del Ministerio de Agricultura, se crían más de 1,4 millones de animales en granjas cinegéticas y se liberan más de 2,2 millones en el medio natural. Estas sueltas masivas alteran las poblaciones silvestres, favorecen cruces genéticos artificiales y, sobre todo, incrementan el riesgo sanitario. Animales criados en cautividad, con menor diversidad genética y mayor exposición a patógenos, son introducidos de forma abrupta en ecosistemas ya tensionados.
A pesar de ello, las organizaciones cinegéticas y muchas administraciones insisten en presentarse como “gestores” y “reguladores” del medio natural. Este relato oculta un flujo constante de dinero procedente de licencias, permisos, eventos y servicios asociados a la caza, así como subvenciones públicas destinadas a controles poblacionales que rara vez cuestionan el origen real del desequilibrio.
Batidas, sacrificios y la falacia del control
Ante la PPA, la respuesta institucional vuelve a ser la eliminación masiva de animales: batidas intensivas de jabalíes, sacrificios “preventivos” y un aumento de la presión cinegética. Se normaliza la muerte como solución técnica, rápida y aparentemente eficaz. Sin embargo, la evidencia científica muestra que estas estrategias no erradican la enfermedad y, en algunos casos, pueden incluso favorecer su dispersión al desestructurar grupos sociales y forzar desplazamientos.
La insistencia en matar evita afrontar el problema de fondo: un modelo productivo que concentra millones de cuerpos vulnerables en espacios reducidos, reduce a seres sintientes a unidades de rendimiento y subordina cualquier otra consideración a la rentabilidad económica.
Un síntoma de un sistema agotado
Nunca antes se habían criado, transportado y sacrificado tantos animales para consumo humano como en las últimas décadas. El aumento del consumo de carne, especialmente en los países industrializados y en los mercados de exportación, ha impulsado una ganadería intensiva incompatible con los límites ecológicos y sanitarios del planeta.
La PPA, como la gripe aviar, la gripe porcina H1N1 o incluso la pandemia de coronavirus, no es una desgracia fortuita. Es un síntoma de un sistema que fuerza constantemente las fronteras entre especies, manipula ecosistemas y crea las condiciones ideales para la emergencia de enfermedades.
Reducir la demanda para reducir el riesgo
Plantear la reducción del consumo de productos de origen animal no es una postura ideológica, sino una conclusión basada en datos ambientales, sanitarios y éticos. Menos demanda implica menos producción, menos macrogranjas, menos presión sobre los ecosistemas y menos oportunidades para que los virus encuentren huéspedes debilitados y vías de propagación.
Desde esta perspectiva, el veganismo no es una opción marginal, sino la única propuesta coherente para un cambio estructural real. Una alimentación basada en plantas elimina la necesidad de criar y sacrificar animales, reduce de forma drástica los riesgos sanitarios asociados a la ganadería y contribuye a un modelo alimentario más justo, resiliente y sostenible.
IRTA en el punto de mira
En este contexto resulta imprescindible señalar la responsabilidad directa del IRTA Institut de Recerca i Tecnologia Agroalimentàries, en la narrativa y gestión del llamado “problema del jabalí” en Catalunya. IRTA no actúa únicamente como un organismo científico neutral, sino como un actor alineado con los intereses de la industria cárnica, cinegética y agroindustrial, contribuyendo a legitimar políticas de control basadas en la caza intensiva, las sueltas cinegéticas y la mercantilización de la fauna silvestre. Lejos de cuestionar el modelo estructural que genera los desequilibrios —macrogranjas porcinas, destrucción de hábitats, alimentación artificial y cría de jabalíes para la caza—, sus informes y recomendaciones refuerzan la idea de que el jabalí es una “plaga” que debe ser gestionada como un recurso económico. Esta lógica conecta directamente con la opacidad que rodea la comercialización de su carne y el flujo de dinero asociado a batidas, permisos, mataderos y canales informales. En 2021 Cultura Vegana ya documentamos esta realidad en profundidad en el artículo El mercado negro de la carne de jabalí en la Garrotxa [2], donde se expone cómo la gestión cinegética y sanitaria sirve de pantalla para un negocio poco transparente, tolerado institucionalmente y sostenido por un discurso técnico que invisibiliza tanto el sufrimiento animal como las verdaderas causas del problema.
Un aviso que no deberíamos ignorar
La peste porcina africana no es un obstáculo puntual que pueda resolverse con más armas, más caza o más sacrificios. Es una advertencia clara de las consecuencias de seguir tratando a los animales —domésticos o silvestres— como recursos prescindibles y al territorio como un mero soporte productivo.
El ser humano no está fuera de la naturaleza. Forma parte de ella. Las crisis sanitarias recurrentes nos recuerdan, de forma cada vez más contundente, que explotar a los animales tiene un coste, y que ese coste acaba volviendo en forma de sufrimiento, inestabilidad y pérdida. Cambiar el modelo no es una opción estética: es una necesidad urgente.
Felix de Larraz
Redactor freelance
Editorial Cultura Vegana
www.culturavegana.com
FUENTES BIBLIOGRÁFICAS
1— elpais.com, «Cataluña detecta otros 18 jabalíes con peste porcina africana y eleva a 47 los afectados por el brote», Alfonso L. Congostrina, El País, Barcelona, 5 de enero de 2026. Todos los animales afectados se encuentran dentro de la zona de alto riesgo de Cerdanyola del Vallès. Los Servicios Veterinarios Oficiales (SVO) de la Generalitat han notificado dos nuevos focos de Peste Porcina Africana (PPA) en jabalíes silvestres tras el hallazgo de 18 animales muertos infectados con el virus en Cerdanyola del Vallès (Barcelona) y, por lo tanto, dentro de la zona de alto riesgo que se delimitó el pasado noviembre tras la aparición de los primeros casos.
2— culturavegana.com, «El mercado negro de la carne de jabalí en la Garrotxa», Editorial Cultura Vegana, Publicación: 13 diciembre, 2021. Los Agentes Rurales de Catalunya interceptan otro camión frigorífico en la Garrotxa. Esta vez, con 344 canales de jabalí destinados a la venta irregular. La empresa propietaria del camión, además, carece de licencia para el transporte y manipulado de animales. En el operativo colaboramos con Agentes Rurales, Mossos d’Esquadra, el Departamento de Acción Climática, Alimentación y Agenda Rural y los Servicios Veterinarios de la Oficina comarcal de la Garrotxa.
3— woah.org, «African swine fever: situation reports and technical disease cards», Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA). Responsable de pérdidas masivas en las poblaciones de cerdos y drásticas consecuencias económicas, la peste porcina africana (PPA) se ha convertido en una grave crisis para la industria porcina en los últimos años. Afecta actualmente a varias regiones del mundo y no solo afecta la salud y el bienestar animal, sino que también tiene efectos perjudiciales en la biodiversidad y los medios de vida de los ganaderos. La Organización Mundial de Sanidad Animal (WOAH) colabora con sus socios, la industria y expertos para apoyar a los países en sus esfuerzos por prevenir y controlar esta devastadora enfermedad porcina.
4— Comisión Europea. «African swine fever in the EU: epidemiological situation and control measures.», European Commission. Consultado el 18 de enero de 2026. ¿Qué es la peste porcina africana? La peste porcina africana (PPA) es una enfermedad infecciosa devastadora de los cerdos, generalmente mortal. No existe una vacuna para combatir este virus. No afecta a los humanos ni a otras especies animales, salvo a los cerdos y los jabalíes.
5— Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (España). Estadísticas de ganadería y actividad cinegética. https://www.mapa.gob.es/
6— Agencia SINC. Detección de peste porcina africana en jabalíes en España y consecuencias sanitarias. https://www.agenciasinc.es/
7— EFSA (European Food Safety Authority). African swine fever: scientific opinions and risk assessments. https://www.efsa.europa.eu/en/topics/topic/african-swine-fever
8— FAO. African swine fever: global situation and prevention strategies.
https://www.fao.org/african-swine-fever/en/
9— Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico. Impacto de la caza y las sueltas cinegéticas sobre la biodiversidad. https://www.miteco.gob.es/
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