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¿Son humanitarias las cámaras de gas?

Última edición: 18 diciembre, 2025 | Publicación: 17 diciembre, 2025 |

La gasificación con CO2 es una práctica estándar entre los mayores productores de carne de cerdo del mundo, pero no porque sea «más humano», como promete la industria.

Las Directrices de Sacrificio Humanitario de la American Veterinary Medical Association describen la matanza de cerdos con cámaras de gas de CO2. Durante el proceso de elaboración del borrador, los veterinarios solicitaron que se incluyera en las directrices una recomendación sobre la instalación de videocámaras en las cámaras de gas para que al menos los inspectores pudieran ver el interior y verificar que los cerdos se sacrificaban de acuerdo con la Ley de Métodos Humanitarios de Sacrificio. Incluso Temple Grandin quería cámaras de video en las cámaras de gas. Pero la AVMA se negó a incluir esa recomendación en las Directrices.

Ningún inspector puede ver cómo se agonizan los 113 millones de cerdos que se sacrifican cada año en estas cámaras de gas. Por lo tanto, no pueden sacrificarse de acuerdo con la Ley de Métodos Humanitarios de Sacrificio.

Ayúdenos a concienciar sobre el método de sacrificio de cerdos más común en EEUU. La industria se basa en mantener estos métodos ocultos para proteger la confianza del consumidor en su producto.

Este año 2025, ayudamos a la Dra. Monica Bando a publicar un artículo de opinión en el Sacramento Bee [1] sobre estas cámaras de gas, y esperamos publicar más artículos en todo el país. Tu apoyo nos ayudará a difundir información sobre estas prácticas en los principales medios de comunicación, utilizando la autoridad de los veterinarios para minar la confianza del consumidor en esta industria dañina y corrupta. El artículo desmonta uno de los pilares propagandísticos de la industria cárnica: la idea de que la matanza con dióxido de carbono es un método “humanitario” o “ético”. Su análisis se sustenta en horas de grabaciones reales obtenidas dentro de un matadero de Smithfield en Vernon, California, imágenes que contradicen de forma frontal el relato institucional [4].

Bando recuerda que en las facultades de veterinaria se proyectan los vídeos Glass Walls, narrados por Temple Grandin y producidos por el American Meat Institute, donde se muestra una versión simplificada y aséptica del proceso: los cerdos entran en la cámara de gas y, acto seguido, la escena salta al momento en que los cuerpos —inconscientes o muertos— salen por el otro extremo. Nada en esas imágenes permite entender lo que ocurre realmente dentro de la cámara, porque el momento crítico permanece oculto.

Las grabaciones a las que Bando tuvo acceso revelan lo contrario: los cerdos no son simplemente “anestesiados”, sino que sufren una muerte lenta por asfixia, rodeados de concentraciones extremas de CO₂ que forman ácido carbónico en las mucosas, irritan los ojos, queman las vías respiratorias y generan una sensación de pánico acompañada de “air hunger”, el impulso fisiológico más extremo de la necesidad de respirar.

Aunque la industria presenta este procedimiento como un estándar moderno y ético, su diseño cerrado impide que la inspección federal observe lo que sucede dentro. La falta de transparencia es estructural, no accidental: incluso Grandin —quizá la figura más influyente en la ingeniería de bienestar animal para mataderos— explica que cuando pidió instalar cámaras en otra planta, la empresa se negó. Su frase es elocuente: “No querían mirar dentro de la caja”.

Si el método es tan “humanitario”, ¿por qué la necesidad de mantenerlo oculto?

La American Veterinary Medical Association establece en sus guías que cualquier procedimiento en el que más del 5% de los animales vocalicen es inaceptable. Sin embargo, en las imágenes de Smithfield la inmensa mayoría grita, lucha y se desespera mientras la plataforma desciende hacia la cámara. Las observaciones de profesionales como Bando fueron ignoradas en la elaboración de las guías sobre sacrificio, reforzando la percepción de que las instituciones priorizan la eficiencia productiva por encima del sufrimiento animal.

La conclusión del artículo es contundente: décadas de eufemismos como “matanza humanitaria” han servido para proteger el modelo industrial, no a los animales. La pregunta que debemos hacernos no es cómo mejorar una cámara de gas, sino por qué seguimos diseñando máquinas para matar animales que no quieren morir. Como escribe Bando, ningún nivel de supervisión puede transformar ese acto en algo ético. La verdadera solución no pasa por reformar el matadero, sino por superarlo.

¿Y qué relación tiene esto con Catalunya y con Garrotxa?

Catalunya es uno de los epicentros europeos de la industria porcina. España sacrifica cada año más de 58 millones de cerdos, y una parte significativa de la ingeniería del sacrificio procede de Catalunya, que concentra macrogranjas y mataderos de gran capacidad, especialmente en Girona, Osona, Bages y La Garrotxa.

En estos mataderos también se emplean cámaras de CO₂, siguiendo exactamente el mismo modelo de sacrificio industrial que en EEUU. Y aquí ocurre lo mismo que denuncia Bando: no existen cámaras internas, no hay transparencia, no hay auditorías independientes, y las inspecciones oficiales tampoco pueden ver lo que sucede dentro del “gondolí” donde los animales descienden hacia la muerte.

En la Garrotxa, comarca promocionada turísticamente como territorio “natural” y de “qualitat”, conviven espacios protegidos con una de las densidades porcinas más altas del país. Miles de cerdos pasan cada día por mataderos cuya actividad permanece prácticamente invisible para la ciudadanía. Igual que en EEUU, el sacrificio industrial catalán se sostiene sobre: la opacidad de los procesos, la falta de supervisión real y la dependencia económica de un sistema que convierte animales vivos en mercancía de forma eficiente y silenciosa.

A pesar del discurso oficial sobre el “benestar animal”, Catalunya no exige cámaras en los puntos críticos del sacrificio, ni permite inspecciones ciudadanas, ni publica datos sobre vocalizaciones, tasas de error, fallos de aturdimiento o niveles de sufrimiento. La ciudadanía tiene menos información sobre lo que ocurre dentro de un matadero que sobre cualquier otra actividad industrial regulada.

Por eso la pregunta de Bando resuena también aquí: Si estos métodos son tan “humanitarios”, ¿por qué nunca se permite verlos? La respuesta es incómoda: porque el CO₂ no es un método compasivo, sino un procedimiento barato, rápido y fácil de automatizar. La industria cárnica catalana —al igual que la estadounidense— lo defiende porque maximiza la eficiencia, no porque minimice el sufrimiento.

Un espejo para Catalunya y Garrotxa

La denuncia de Bando pone palabras y pruebas a lo que organizaciones independientes llevan años documentando: que el CO₂ provoca miedo, dolor y agonía. En la Garrotxa, donde la presencia porcina modela el paisaje económico y ambiental —contaminación por nitratos, emisiones, purines—, el sacrificio queda completamente fuera de la conversación pública.

Hablar de CO₂ en Vernon (California) es hablar, también, de lo que sucede cada día en Vic, Olot, Mataró, Riudellots, Santa Eugenia de Berga o cualquier matadero catalán. La pregunta no es cómo mejorar la cámara de gas, sino por qué seguimos diseñando tecnologías para matar animales que no quieren morir.

La Dra. Bando lo resume así:

“Ningún nivel de supervisión puede convertir en ‘humanitario’ el acto de matar a quien quiere vivir.”

La verdadera solución no es una mejor cámara. La verdadera solución es dejar de matar.

Editorial Cultura Vegana
www.culturavegana.com

OTRAS FUENTES BIBLIOGRÁFICAS

1— sacbee.com, «Does ‘humane’ slaughter of livestock exist, or is it merely a myth to make us feel better?», Monica Bando, Special to The Sacramento Bee, 19 de marzo de 2025. En la facultad de veterinaria, vimos a la académica estadounidense Temple Grandin narrar los vídeos «Glass Walls«, producidos por el American Meat Institute, que muestran cómo se sacrifican los cerdos. La película muestra a los cerdos entrando en la cámara de gas y luego muestra a los cerdos rodando fuera de ella, inconscientes o muertos. «Después de anestesiar a los cerdos, los arrojan al exterior», explica Grandin, una especialista en comportamiento animal de renombre mundial y ampliamente respetada que ayudó a diseñar mataderos centrados en el bienestar animal.

2— youtube.com, «Video Tour of a Pork Plant Featuring Temple Grandin», Meat Institute, 1.398.045 visualizaciones. 7 de mayo de 2013. Un recorrido por una planta de procesamiento de carne de cerdo guiado por la Dra. Temple Grandin, profesora de Ciencias Animal en la Universidad Estatal de Colorado y considerada la principal experta mundial en manejo humanitario de animales en plantas empacadoras de carne. Este video ofrece una visión honesta del manejo de los cerdos en las plantas empacadoras de carne de cerdo.

3— sentientmedia.org, «There’s Nothing “Humane” About Killing Pigs in Gas Chambers»,  Matthew Zampa, Sentient Media, publicado el 12 de noviembre de 2019. La gasificación con CO2 es una práctica estándar entre los mayores productores de carne de cerdo del mundo, pero no porque sea más humano, como promete la industria. Durante años, la industria ha hecho creer a los consumidores que el gaseado es, de hecho, la forma más humana de matar cerdos, que los animales permanecen inconscientes durante todo el proceso y se quedan dormidos lenta e indoloramente en un sueño eterno. Pero si de algo puede estar completamente segura la industria es de que estos cerdos no duermen. Como pueden ver aquí, a medida que el CO2 entra en sus pulmones, los cerdos se retuercen a los lados de la cámara de gas y asoman el hocico por los barrotes, intentando, en vano, escapar.

4— culturavegana.com, «La primera cámara espía que destapa el uso de cámaras de gas en los mataderos», Editorial Cultura Vegana, Última edición: 6 marzo, 2023 | Publicación: 4 marzo, 2023. Activistas por los derechos de los animales graban el primer video de cámara oculta desde el interior de una «cámara aturdidora» de dióxido de carbono en una planta empacadora de carne de EEUU.


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