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Los Animales, Mis Hermanos

Última edición: 26 enero, 2026 | Publicación: 8 junio, 2023 |

Escrito en el campo de concentración de Dachau, en medio de toda clase de crueldades.

Querido Amigo:

Me preguntaste por qué no como carne y te maravillas de las razones de mi comportamiento. Tal vez piensas que hice voto, una forma de penitencia, negándome todos los placeres gloriosos del consumo de carne. Recuerdas los bistecs jugosos, los pescados suculentos, salsas maravillosamente sabrosas, jamones perfectamente ahumados y miles de maravillas creadas de la carne, encantando miles de paladares humanos; por cierto recordarás la exquisitez del pollo asado. Ahora, ves, estoy rechazando todos esos placeres y tú crees que sólo la penitencia, o un voto solemne, un gran sacrificio podría privarme de esta manera de disfrutar de la vida, o forzarme a sobrellevar tal renunciamiento.

***

Estás atónito, y me preguntas: «¿Pero por qué y para qué?» . Y estás preguntándote si casi adivinaste la razón misma. Pero si trato ahora de explicarte la razón en una frase exacta, estarás atónito de nuevo de cuánto se ha desviado tu adivinanza de mi motivo verdadero. Escucha lo que te tengo que contar:

Rehúso comer los animales porque no puedo nutrirme con el sufrimiento y la muerte de otras criaturas. Lo rehúso porque yo he sufrido tanto que puedo sentir el dolor de los demás cuando recuerdo el mío.

Me siento feliz, nadie me persigue; ¿por qué debo yo perseguir a otros seres o causar que se les persiga?

Me siento feliz, no soy prisionero, estoy libre; ¿por qué debo yo causar que otras criaturas lleguen a ser prisioneros y que las envíen a la cárcel?

Me siento feliz, nadie me daña; ¿por qué debo yo dañar a otras criaturas o causar que les dañen?

Me siento feliz, nadie me hiere; nadie me mata; ¿por qué debo yo herir o matar a otras criaturas o causar que las hieran o maten para mi placer y conveniencia?

¿No es natural que no inflija yo el mismo dolor que, espero y temo, nunca se me inflija a mí? ¿No sería injusto hacer tal cosa con el único otro propósito del placer físico a costa del sufrimiento y de la muerte de otros?

Estas criaturas son más pequeñas e indefensas que yo, pero ¿puedes imaginar a un hombre razonable de sentimientos nobles a quien le gustaría basar en tal diferencia el derecho de abusar de la debilidad y la pequeñez de otros? ¿No piensas que sea el deber del más grande, del más fuerte, y del superior proteger las criaturas más débiles en vez de perseguirlas, en vez de matarlas? «Noblesse oblige«. Quiero actuar de una manera noble.

***

Recuerdo la época horrible de la inquisición y lamento decir que el tiempo de los tribunales para los herejes no ha desaparecido aún, que día tras día, los hombres cocinan a otras criaturas que se dan libremente a las manos de sus torturadores. Me horroriza la idea de que tales hombres son gente civilizada, no bárbaros incultos, no indígenas. Pero a pesar de todo, son primitivamente civilizados, primitivamente adaptados a su medio ambiente cultural. El europeo medio, rebosante de ideas intelectuales y discursos bellos, comete todo tipos de atrocidades, sonriendo, no porque esté obligado a hacerlas, sino porque quiere hacerlas. No porque le falta la capacidad de reflexionar y de darse cuenta del horror de todas las crueldades que comete. ¡Ay de mí! Sólo porque no quiere ver la realidad. De cualquier otra manera estaría apenado y preocupado en su placer.

***

Es bastante natural lo que te dice la gente. ¿Cómo podrían hacer de forma diferente? Los oigo relatando experiencias, de utilidades, y sé que ellos consideran ciertos actos relacionados con la matanza como inevitables. Tal vez tuvieron éxito en convencerte. Lo adivino de tu carta.

De todos modos, considerando sólo las necesidades, uno estaría de acuerdo con tales personas. ¿Pero realmente hay tal necesidad? Se puede oponer esta tesis. Quizás exista una necesidad para la gente que aún no ha desarrollado su personalidad consciente.

No les sermoneo. Te escribo esta carta, a un individuo ya consciente que controla racionalmente sus impulsos, que se siente responsable, interiormente y exteriormente de sus actos, que sabe que nuestra corte suprema se sienta en nuestra consciencia. No hay ninguna jurisdicción de apelación que lo oponga.

¿Hay alguna necesidad para la cual un hombre consciente debe matar? Afirmativamente, cada individuo tendría el coraje de llevarlo a cabo por sus propias manos. Es, evidentemente, un tipo miserable de cobardía pagarles a otros para hacer el trabajo sangriento, que el hombre normal rechaza con horror y consternación. Uno paga a tales sirvientes con poco dinero por su trabajo sangriento, y les compra a ellos las partes del animal matado, a ser posible preparado de tal manera que no recuerde las circunstancias incómodas, el animal, su muerte, ni la carnicería.

***

Yo creo que los hombres continuarán matándose y torturándose los unos a los otros mientras maten y torturen a los animales. También habrá guerras porque hay que entrenar y perfeccionar la matanza en objetos más pequeños, moralmente y técnicamente.

No veo ninguna razón para sentirme encolerizado por lo que hacen los demás, ni por los actos grandes ni por los pequeños, ni por otros actos de violencia y crueldad. Pero, creo, es tiempo de sentirse ultrajado por todos los actos de violencia y de crueldad pequeños y grandes que hacemos nosotros mismos. Y porque es más fácil ganar las luchas más pequeñas que las grandes, creo que debemos despedirnos de nuestras hazañas de violencia y crueldad, lo más pequeñas que sean. Debemos evitarlas, o mejor, aniquilarlas para siempre. Entonces veremos el día en que será fácil luchar y sobrepasar aun las crueldades más grandes. Pero todavía dormimos, todos, en hábitos y actitudes fijados. Son como una salsa grasosa y jugosa que nos ayuda a tragar nuestras propias crueldades sin saborear su amargura.

No intento indicar con el dedo éste y ése, a personas definidas y situaciones específicas. Pienso que mi deber es agitar mi propia consciencia en asuntos pequeños, tratar de comprender mejor a los otros, de mejorarme y llegar a ser menos egoísta. ¿Por qué debería ser imposible actuar apropiadamente con respeto a puntos más importantes?

Éste es el punto: quiero madurar en un mundo mejor donde una ley más alta otorgue más felicidad, en un nuevo mundo donde reine el mandato de Dios:

Y Vosotros os amaréis

Edgar Kupfer-Koberwitz
Este texto fue garabateado furtivamente en un hospital donde estuve durante mi enfermedad, en un tiempo en que la Muerte nos perseguía por todas partes, y en el cual perdimos a doce mil en el plazo de cinco meses.


Edgar Kupfer fue encarcelado en el campo de concentración de Dachau en 1940. Durante sus últimos 3 años trabajaba en un puesto en la despensa del campo de concentración. Ese trabajo le permitió escribir un diario secreto en hojas de papel y pedacitos de lápiz robados. Enterraba sus escrituras y cuando liberaron Dachau el 29 de abril de 1945, las recopiló de nuevo. «Los Diarios de Dauchau» se publicaron en 1956. De sus notas de Dachau escribió un informe sobre el vegetarianismo que se tradujo al inglés. Una copia al carbón de este informe de 38 páginas se guarda con Los Diarios de Dachau originales en la Colección Especial de la Universidad de Chicago. Este post recoge extractos de ese informe que se imprimieron de nuevo en la posdata del libro «El Vegetarianismo Radical» de Mark Mathew Braunstein (1981, Panjandrum Books, Los Angeles, California). El libro tiene el subtítulo «Una Dialéctica ética y Dietética» y se recomienda a todos los vegetarianos, especialmente a los que les interesa la higiene natural. [2]

Jonathan Esterhazy
Alianza de Derechos Animales de Manitoba


NOTAS BIBLIOGRÁFICAS

1— culturavegana.com, «¿Era Hitler Vegetariano?», Editorial Cultura Vegana, Última edición: 6 marzo, 2022 | Publicación: 30 mayo, 2020. En un intento por contaminar el movimiento por los derechos de los animales, los carnívoros, los lácteos y los comedores de huevos a menudo proclaman que Hitler practicaba el vegetarianismo.

2— amazon.com, «Radical Vegetarianism: A Dialectic of Diet and Ethic», Mark Mathew Braunstein, Editorial ‏Lantern Books, fecha de publicación: 1 de marzo de 2009. «Esta es la dialéctica vegetariana de la dieta y la ética: no por casualidad, sino de manera absolutamente esencial, los alimentos que privan al menor número de vidas ajenas contribuyen a que vivamos más tiempo.» (del prefacio). Los vegetarianos no son mejores personas, solo mejores carnívoros, escribe Braunstein en Vegetarianismo Radical, y los carnívoros son simplemente mejores caníbales. En esta edición actualizada del clásico de 1981, Braunstein se enfrenta con valentía a las patrañas, las vacas sagradas y el pensamiento ambiguo de carnívoros y vegetarianos por igual, y propone un vegetarianismo que va más allá de los estereotipos de las comidas compartidas y las Birkenstocks, hacia uno que abraza la contradicción y la franqueza, o, como dice Braunstein (canalizando a los Antiguos), «Roetese a sí mismo».

Índice
Primera parte: Dieta
Nutrición a la luz del vegetarianismo: ¿Por qué no comer carne? El cuerpo tiene dos tipos de salud: la física y la espiritual. La mera nutrición, que solo favorece la primera, falla. No solo es posible la salud física mediante el vegetarianismo, sino que la salud espiritual exige dicha dieta.
Cenizas a las cenizas, vida a la vida: ¿Por qué no comer carne y por qué comer fruta? Crecemos en frutas; las frutas crecen en los árboles; los árboles crecen en nosotros. Lo que sale depende de lo que entra. Todo lo que recibimos debe ser devuelto.
Carta a un joven vegetariano: Qué comer y cómo comerlo. El enfoque más simple para la nutrición es el mejor. Los principios básicos de una dieta vegetariana nutritiva son tan simples como sensatos, tan deliciosos como nutritivos.
Viajando rápido: Qué no comer y cómo no comerlo. Lejos de casa, mantener una dieta saludable puede resultar difícil. En esos momentos, puede ser mejor no comer nada. En el momento y lugar adecuados, el silencio entre los sonidos crea la música.
La Vía Láctea: ¿Por qué no beber leche? El lactovegetarianismo es solo una variante del carnivorismo. Los vegetarianos absolutos, también llamados veganos, se abstienen no solo de la carne animal, sino de todos los productos animales. Lo que proviene de un animal es animal.

Segunda parte: Ética
Animales e infieles: Por qué los animales tienen derecho a vivir. Las religiones occidentales les han dado la espalda a los animales, por lo que debemos recurrir a las filosofías occidentales o a las religiones orientales. Sin embargo, solo necesitamos recurrir a los animales.
Muerte carnívora y deuda kármica: Por qué quien deja vivir a los animales vivirá más. Cuanto menos sufrimiento causemos a los demás, menos sufriremos nosotros mismos. Comer y comer, matar y matar, son uno solo.
La ilógica de lo ecológico: Cómo matar menos comiendo frutas y alimentos crudos. Cuanto menos matemos, más tendrán que comer los humanos y los animales. La población humana puede crecer siempre que aumente la proporción de vegetarianos. Sin embargo, tal alternativa a la catástrofe mundial podría ser solo una postergación.
El problema de ser carnívoro: Cómo se les ha negado a los animales el derecho a vivir. Los humanos han persistido en el carnivorismo en parte porque no reconocen que comer carne significa matar animales. Nuestra ignorancia causa sus muertes.
Un apéndice apologético: Por qué los humanos también tienen derechos, y cómo uno de esos derechos podría ser comer animales. No conocemos todas las respuestas; ni siquiera conocemos todas las preguntas. El carnicero no es menos ser humano que el panadero o el fabricante de candelabros.


Quien es Mark Mathew Braunstein

El historial de Mark Mathew Braunstein como escritor incluye seis libros, uno de ellos elogiado por el Washington Post como «extraordinariamente inteligente». Los diversos temas de sus libros y más de 100 artículos efímeros en revistas de moda incluyen arte, literatura, salud holística, vegetarianismo vegano, conservación de la vida silvestre, discapacidad motriz, jardinería de interiores, cultura del cannabis y reforma de la legislación sobre drogas. Su historial como lector incluye la obra casi completa de muchísimos hombres blancos fallecidos, como Melville y Thoreau, Tolstói y Dostoievski, Rilke y Kafka, Blake y Beckett, Platón y Epicteto, Nietzsche y Schopenhauer, y su gurú y mentor, el doctor Seuss, por nombrar algunos, cuyas rimas y diatribas sobrevivió sin volverse loco ni volverse sabio.

Acorralado como artista abstracto, cumplió condena en Manhattan hasta que cambió su pincel por una pluma. Durante el siguiente cuarto de siglo, se refugió en un refugio de vida silvestre en Connecticut, donde los ciervos no huían de él, los carboneros se posaban sobre él y la fauna nocturna se posaba en su largo camino de entrada. Esa especie nocturna de jóvenes homínidos hembra participaba en rituales de apareamiento con machos mayores al azar. Las hembras inspiraron a Braunstein a escribir una guía de campo sobre ellas, titulada «Good Girls on Bad Drugs» (Buenas Chicas con Drogas Malas .)

Parapléjico desde 1990 y un Chico Malo con Buenas Drogas, su consumo de cannabis es medicinal para la cintura baja y recreativo para la cintura alta. Nunca ha bebido Coca-Cola clásica, Coors ni Starbucks, pero ha ayunado a base de agua durante muchos días, buscando la iluminación o la salud. ¿Acaso su foto refleja la imagen de la salud? Si piensas que parece 10 años más joven de lo que era a sus 60 años, entonces te unes a su madre, quien le dijo que a sus 9 años parecía 10 años más joven de lo que era. Era un chico SProut que se convirtió en un joven SProut, mochilero, ciclista de montaña, corredor de media maratón y nadador de una milla. Pero ahora, como hombre SProut, está incapacitado por una lesión deportiva y probablemente afectado por la radiactividad de una planta nuclear cercana, a lo que podría atribuirse su cuerpo deforme y sus pensamientos erróneos, pensamientos influenciados por los escritos de Peter Matthiessen, Farley Mowat y Edward Abbey, especialmente El progreso del tonto y El solitario del desierto de Abbey, ambos de los cuales leyó dos veces, las segundas al revés, porque según Kierkegaard, la vida se vive hacia adelante, pero se entiende hacia atrás.

En defensa de la Madre Tierra, nunca ha querido tener un hijo, ni ha tenido un hijo no deseado. Y aunque le gustan los gatos y los perros, no se atreve a traer a casa animales muertos del matadero para alimentar a los vivos en la caseta del perro. Los terneros, corderos, cabritos y lechones también son animales adorables, por eso desde los 15 años no los come, ni desde los 19 bebe la leche que sus madres les dieron. Se pregunta qué quiere decir la gente cuando proclama su amor por los animales, pero también los ama para desayunar, comer y cenar. Si bien no consume harina blanca ni azúcar blanca, ni bebe alcohol ni fuma tabaco, sí consume cannabis sin complejos, prueba de que es simplemente humano, así que ciertamente no es un dios.

Cree en todos los dioses, pero en ninguna de las religiones, especialmente en las occidentales, cuyas páginas de la historia están manchadas con la sangre de infieles y animales. No es religioso, pero si lo fuera, sería un monje cartujo o zen, salvo por su heterosexualidad incurable y herética, y por ser más estrafalario que santo. Era un loco hasta que superó su egoísta ambición de ganarse la vida como pintor, de lo cual su único arrepentimiento es no haber renunciado antes al arte. Como principal coleccionista de su arte y principal cuidador de su salud, ha residido como un hombre mono en una reserva natural, donde ha vivido toda su vida sin un televisor tranquilizante, un microondas que produce metástasis, un despertador ni un reloj de pulsera esposado. Nunca ha comprado en Walmart ni en eBay, pero sí ha curioseado por los puestos del Gran Bazar de Estambul. Nunca ha pisado el cercano Casino Foxwoods, pero sí ha recorrido el lejano Gran Cañón de borde a borde. Y ahora mismo debe despedirse de ustedes porque es hora de dar un largo paseo y escribir sobre ese viaje de 1000 pasos que comienza con 999.

Editorial Cultura Vegana
www.culturavegana.com


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